Prólogo de Norma Pérez Martín en El último horizonte (novela), 2011.

El último horizonte revela detalles descriptos con dominio literario, rigor en las focalizaciones y momentos dramáticos presentados con excelente arquitectura discursiva. La ubicación temporal (año 1905) y el suceder de los años, las correrías de los indios, el cautiverio de quienes fueron llevados a las tolderías, acrecientan despliegues trágicos. Los paisajes no significan simples pinceladas pictóricas sino ejes esenciales que engendran comportamientos dolientes y conflictivos en el espíritu de las criaturas creada con acertada fuerza expresiva.

Leyendas e historias se van entramando. La “bendita agua” cobra vida casi milagrosa en esas jornadas de “incierto destino”. Los infelices mestizajes, el despiadado rigor del invasor, los fortines, la cruz y la espada, el cielo y la tierra conforman vivencias contrastantes. Son, sin duda, llagas que siguen doliéndole a la América profunda. A lo largo de estas páginas ficcionales la culpa y los Proverbios con que se cierra el volumen marcan un mundo doliente, y a la vez, religante.

 

Norma Pérez Martín

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